Transcripción
¿Conoces tu porqué o el de tu empresa? ¿El propósito o la creencia que te inspira a hacer lo que haces? La mayoría de la gente no. Peter Docker explica por qué es tan importante conocer tu porqué.
Hola, Peter, bienvenido al estudio.
Bueno, buenos días.
Hoy vamos a hablar del porqué, pero ¿por qué el porqué?
¿Por qué el porqué? Bueno, usamos la palabra «porqué» como abreviatura de: ¿cuál es tu causa, cuál es tu creencia, cuál es tu propósito superior? ¿Por qué te levantas cada día? Y, quizá más importante todavía: ¿por qué debería importarle a alguien? Eso es lo que queremos decir con «porqué». Y la razón por la que esto es importante es que la mayoría de nosotros, tanto a título individual como empresarial, pensamos, actuamos y nos comunicamos empezando por lo que hacemos. Presentador de televisión, contable, abogado o lo que sea. Pero las organizaciones inspiradas, los líderes inspirados y las organizaciones que parecen superar constantemente a las demás piensan, actúan y se comunican empezando por el motivo por el que hacen lo que hacen.
¿Tienes algunos ejemplos de empresas que hagan eso?
Claro. El ejemplo que solemos usar es Apple. Tanto si te gusta como si no, no puedes negar que supera constantemente a cualquier otra empresa informática. Este es el ejemplo que mi querido amigo y colega Simon Sinek utilizó en su famosísima charla TED, de hecho, la tercera más descargada de todos los tiempos, titulada «Start with Why». Presentó la idea del círculo dorado. Imagina tres círculos concéntricos: porqué, cómo y qué, con el porqué en el centro, el cómo en medio y el qué en el exterior. Si Apple fuera como cualquier otra empresa informática, su mensaje de marketing sería más o menos así. Empezaría por el qué. Diría: «Queremos fabricar ordenadores excelentes». Después pasaría al cómo y diría: «Están diseñados con mucho gusto, fabricados de maravilla y son fáciles de usar. ¿Quieres comprar uno?». Así es como la mayoría de las organizaciones construyen su marca y como suelen ser sus mensajes de marketing, y la verdad es que no inspiran demasiado. Pero Apple, en realidad, piensa, actúa y se comunica empezando por el porqué, y así es como transmite su mensaje. Empieza por el porqué diciendo: «Creemos que todo lo que hacemos desafía el statu quo. Creemos en pensar de forma diferente. Desafiamos el statu quo fabricando productos diseñados con mucho gusto, fabricados de maravilla y fáciles de usar... Simplemente resulta que fabricamos ordenadores». Es el mismo mensaje, pero el orden está invertido. Empiezan por el porqué en lugar de por el qué. Y, como consecuencia, el mensaje inspira mucho más. Si eres de las personas que creen lo mismo que Apple, lo más probable es que elijas comprar sus productos. Ya sea un ordenador, un teléfono, un reloj, una tableta o lo que sea. Y ese es el poder de pensar, actuar y comunicarse empezando por el porqué.
Vale. Si te pregunto: ¿cuál es tu porqué...? Es bastante difícil saber cuál es tu porqué, ¿verdad?
Sí, lo es. Aquí es donde entra en juego la biología. Si hacemos un corte transversal del cerebro humano, veremos que se divide en dos componentes principales. El primero es el neocórtex y, relativamente hablando, es la parte más nueva del cerebro. El neocórtex se corresponde, por así decirlo, con el nivel del qué del círculo dorado. Se encarga de comprender hechos, cifras y datos, además del lenguaje. Pero también está la parte límbica del cerebro. Esta se corresponde directamente con los niveles del porqué y del cómo del círculo dorado. La parte límbica del cerebro se encarga de las emociones, como la confianza y la lealtad. También es responsable de todas las decisiones que tomamos y de todo el comportamiento humano, pero no tiene capacidad para el lenguaje. Así que, como decías, Kevin, por eso muchas veces nos oímos decir: sí, entiendo todos los hechos, las cifras y los datos, pero simplemente no me parece bien. Usamos ese verbo, «parecer», porque la decisión la está tomando nuestro cerebro límbico, que toma todas las decisiones, pero no tiene capacidad para el lenguaje. Y lo mejor que se nos ocurre decir es: simplemente no me parece bien. O hablamos de tomar, no sé, una decisión visceral o de dejarnos guiar por el corazón. No tiene nada que ver con esas partes del cuerpo, es el cerebro límbico el que toma esa decisión. Por eso nos resulta difícil expresar nuestro porqué con palabras. Pero, cuando lo hacemos, es una sola frase. Nos permite usarlo como filtro para todo lo que decimos y hacemos. Tanto a título individual como empresarial, cuando usamos ese filtro también generamos confianza y lealtad. No puedes decirle a alguien que confíe en ti. Es algo que se construye con el tiempo, es un sentimiento. Así que, cuando pensamos, actuamos y nos comunicamos empezando por nuestro porqué, somos auténticos y nos dirigimos directamente a la parte del cerebro responsable de todo el comportamiento humano y de todas las decisiones. Por eso merece la pena dedicar tiempo a expresar tu porqué en una sola frase.
¿Cómo consigues expresarlo en una sola frase? ¿Qué ejercicio tienes que hacer para descubrir tu propio porqué?
Bueno, has usado la palabra adecuada, Kevin: es un proceso de descubrimiento. No es un ejercicio de creación de marca o de marketing, no se trata de crear algo, sino de descubrirlo. Cuando nos sentamos con organizaciones para descubrir su porqué, las guiamos en un proceso en el que examinamos los momentos en que se sintieron especialmente orgullosas de su organización. Empezamos por ahí. Y analizamos historias muy, muy concretas. Ser concreto es importantísimo. Si hablamos en términos generales, no provocamos ninguna respuesta emocional en el cerebro. Y esa respuesta emocional es lo que buscamos. Cuando hablamos de cosas concretas, sí provocamos esa respuesta. Por ejemplo, me lo estoy inventando ahora, pero para ilustrarlo: si te dijera... Ha ocurrido un terrible desastre natural, un tsunami en Filipinas, y se cree que 150.000 personas han desaparecido o han muerto... diríamos: «Qué terrible, qué horror». Pero probablemente después pasaríamos a otra cosa, porque no podemos asimilar una cifra así de personas. Pero si te dijera: «Ese tsunami en Filipinas, nuestro vecino, su hijo John está de expedición de buceo y no hemos podido comunicarnos con él desde entonces». Aunque no conozcas al hijo de mi vecino, lo más probable es que eso te provocara una respuesta emocional. Y la mayoría diríamos: «Bueno, ¿hay algo que pueda hacer para ayudar?». ¿Ves la diferencia? Esa historia concreta es realmente importante, y es en lo que nos centramos al descubrir el porqué. Cuando reúnes todas estas historias, hablamos de las historias cumbre y las historias valle, es decir, los momentos en que las cosas no van tan bien, esos que no querrías volver a vivir. También son importantes, porque refuerzan las historias cumbre, los momentos en que de verdad te sientes orgulloso de tu organización. Cuando reunimos esas historias, vemos que aparecen temas, temas recurrentes que suelen repetirse en todas ellas. Y son esos temas los que nos llevan al porqué y nos permiten expresar en una sola frase por qué existe esa organización, cuál es su contribución y el impacto que tiene en el mundo.
Sí. Hice el ejercicio yo mismo el verano pasado. Me pareció muy, muy... fue toda una aventura descubrir el porqué.
Lo es.
Solo puedo hablar por mí, pero ver el efecto de tener claro tu porqué... es asombroso. Si la gente quiere saber más, si quiere que tú o tu organización la ayudéis a descubrir su porqué, ¿cómo puede ponerse en contacto contigo?
Claro. Nuestra visión es que haya lo que llamamos un «círculo dorado» en cada escritorio. Si todo el mundo sabe por qué hace lo que hace, encontrará más satisfacción en su trabajo. Le encantará su trabajo. Ese es nuestro objetivo. Por eso hemos intentado ampliar el alcance de este método mediante cursos en línea y ejercicios que se pueden descargar gratis. En el caso de una persona, si quieres descubrir tu porqué individual, porque todos tenemos uno... Mi porqué es ayudar a las personas a ser extraordinarias para que puedan hacer cosas extraordinarias. Y lo uso como filtro para todo lo que digo y hago cada día. Así que disfruto mucho de la vida. Si la gente quiere descubrir su porqué, puede encontrar varias herramientas en el sitio web startwithwhy.com. Muchas de ellas se pueden descargar gratis para iniciar esta conversación sobre el porqué. Si sois una organización o un equipo y queréis descubrir vuestro porqué... Hemos escrito un libro porque recibimos muchísimas solicitudes. Así que he escrito un libro con Simon Sinek y mi otro colega David Mead, en el que reunimos todas nuestras experiencias. Creo que saldrá en septiembre y se titula Find Your Why. Ya se puede encontrar en las librerías habituales. Eso es lo que la gente puede hacer para iniciar este recorrido. Bueno, en realidad, Kevin, ¿puedo contar una historia breve? ¿Tenemos tiempo?
Claro, adelante.
Es una historia que me encanta contar. Tengo dos hijos adultos y una de sus amigas, llamémosla Chloe. Era, o es, una joven muy brillante. Hace unos años obtuvo una beca para estudiar en la Universidad de Oxford, que no está nada mal. Hacia el final de sus estudios, varias empresas empezaron a interesarse por ella y fue a una entrevista. Era la típica entrevista anticuada, en la que el candidato se sienta en una silla solitaria en medio de la sala, frente a un panel de cuatro tipos con trajes grises. Ya sabes cómo son...
Sí.
...las entrevistas anticuadas, muy incómodas. Uno de los hombres, mientras ordenaba sus papeles, miró a Chloe cuando por fin se sentó y le dijo: «Bueno, veo, Chloe, que has solicitado este puesto. ¿Qué vas a aportar a nuestra organización?». Por suerte, unos meses antes me había sentado con Chloe y habíamos descubierto su porqué. Así que se sentó tranquilamente, con las manos en el regazo, y dijo: «Bueno, antes de responder, déjame contarte por qué me levanto cada día». Dijo: «Me levanto cada día con la ilusión de acompañar a los demás para ayudarles a llegar a ser todo lo que pueden ser. Me he fijado en vuestra página web y veo que creéis exactamente en ese tipo de cosas. Entonces, ¿por qué no iba a solicitar trabajar con vosotros? También tengo una serie de habilidades y capacidades que, creo, contribuirán a hacer realidad la visión del mundo que imagináis». ¿Qué crees que pasó en esa entrevista, Kevin?
Creo que consiguió el trabajo.
¿Consiguió el trabajo?
Sí, eso creo.
Por supuesto que consiguió el trabajo. Porque se dirigió directamente a sus cerebros límbicos, directamente a aquello en lo que creían, pero que probablemente ni siquiera podían expresar con palabras. Y en ese momento todos tomaron la decisión, probablemente pensando algo como: «Esta mujer es de los nuestros». ¿Sabes?
Sí.
Ese es el tipo de frase que usamos: «Es de los nuestros, hagamos que se incorpore». Entonces miraron su CV, su currículum, y vieron que había estudiado en la universidad y que no tenía mucha experiencia. Pero pensaron: bueno, no tiene mucha experiencia, pero acaba de salir de la universidad. No pasa nada, ya aprenderá. Ahora busquemos un puesto para contratarla.
Sí.
Porque es de los nuestros. Así es como funciona. Así estamos programados los seres humanos. Y esto no tiene que ver con manipular, sino con ser auténticos, y con mantener la calma, como hizo Chloe en este ejemplo. No tuvo que memorizar respuestas prefabricadas a las preguntas habituales de una entrevista. Simplemente se sentó allí, muy cómoda y auténtica, sabiendo en qué creía. Y pudo responder a esa pregunta y a cualquier otra de forma auténtica y sincera, siendo simplemente quien era de verdad. Y eso es lo que genera confianza y lealtad. Pensaron: sí, tenemos conexión con esta persona, hagamos que se incorpore. Por eso es tan valioso poder expresar con palabras por qué hacemos lo que hacemos, nuestro propósito superior, nuestra causa, nuestra creencia. Porque así se abre todo un nuevo abanico de posibilidades sobre lo que podemos hacer. Supongo, Kevin, que te encanta tu trabajo.
Sí.
Porque requiere mucho esfuerzo y te apasiona compartir ideas con la gente. Y si analizáramos el porqué, probablemente veríamos que hay muchas otras cosas que también podrías hacer y que te harían sentir igual de satisfecho con tu trabajo. Así que conocer nuestro porqué abre posibilidades en lugar de cerrarlas.
Vale, Peter, muchas gracias por tu tiempo.
Ha sido un placer.
Y a quienes estáis en casa, gracias por ver nuestro programa. Espero veros la semana que viene.







